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A mí no me mires:

Yo

Feliz Orgasmo 2005.

Feliz Orgasmo 2005. Qué tentación tan grande, la de pasarse toda la noche del 31 de diciembre escribiendo, recordando las promesas que no cumplí, los besos que no pude dar, haciendo balance de las horas perdidas, esperando algo que nunca me ha llegado, destilando las caricias furtivas, los excepcionales momentos supremos del éxtasis, y viendo cómo pasan por tu vida años y arrugas, cómo te vas haciendo mayor y no llega el regalo que la vida te tenía prometido. Paseo por las calles a veces con ganas de quedarme desnuda para que el que quiera algo de mi lo coja, sin darme nada a cambio, solo por el placer de sentirme poseída. Este fin de año de alcohol y de excesos, de risa falsa y locura descontrolada, donde tantos hace lo que no desean y tantos desean lo que no hacen, volveré a encerrarme conmigo misma, en mi casa-prisión, en mi hogar-refugio, me daré un baño tibio, y mientras suenan las doce campanadas, desnuda ante el espejo, me masturbaré pensando en mí. Solo en mí.

ombligos

ombligos Cuando soy feliz
no estoy para nadie,
me olvido del mundo,
me cierro en mi placer,
y miro mi ombligo y el de Sandra.
Cuando soy feliz,
ni siquiera pienso que soy terriblemente egoista.
Acaba de irse Sandra
a uno de sus viajes de trabajo que no tienen final,
y me acuerdo, claro, del blog.
Es un diario secreto
y a la vez público.
Y sobre todo es mi consuelo.
Escribo porque,
lo digo bien claro en la portada,
no puedo estar sola.

Confidencias. (No sé por qué escribo esto)

Confidencias. (No sé por qué escribo esto) He sido una chica mala este fin de semana. Con la resaca me acuerdo de la frase de Mae West: “Las chicas buenas van al cielo, pero las malas van a todas partes” La culpa la tiene Sandra, me llamó el viernes por la noche para decirme que tenía que quedarse en París por culpa del maldito trabajo. Así que utilicé el remedio para evitar la depre sentimental: la venganza. No es la primera vez. Salgo, me emborracho y ligo con lo que sea, generalmente con un tío, porque es más fácil, y menos peligroso para mí. Si me voy con una chica, corro el riesgo de enamorarme, y quiero demasiado a Sandra como para permitirme el error de perderla. Fui a La Boite, hacía tiempo que no pasaba por allí, desde que me enfadé con Ana por culpa de una idiota, el antro ha cambiado tira, empecé a tontear con Manel, un camarero que me administró chupitos gratis y a las 7 de la mañana me largué con él a su piso hasta que me cansé de simular. El sábado por la tarde, la pasé en casa completamente fumada y loca de celos por la ausencia de Sandra. A saber con quién estaría. Así que me puse la minifalda de escándalo y estuve la noche del sábado bailando en Razzmatazz y observando las miradas lujuriosas de los machitos, mientras le gritaba al aire: "Esto es lo que te estás perdiendo, Sandra, pedazo de perra". El domingo no estaba para nadie. El lunes decidí no responder al teléfono. Tengo doce mensajes suyos en el móvil. Me da igual. Si lee este post, que no lo hará, porque odia Internet y todo lo cibernético, me mataría, lo sé. Porque también sé que ella me quiere, lo malo es que quiere mucho más a su libertad. Y esto es lo que me mata. Porque yo me encarcelaría todo el tiempo del mundo por ella. Y con ella, claro.