
Comprendo perfectamente a los corazones que se hartan de soñar. Me pongo en su piel. Llega un momento en que la realidad, esa cruda y cotidiana realidad de las arrugas, la cara de asco y los calcetines usados, vale más o pesa más o influye más o cuenta más que los sueños más maravillosamente fascinantes. Soñar es agotador. La utopía exige un sacrificio constante, un esfuerzo decidido en seguir escuchando los cantos de sirenas desoyendo las advertencias sensatas de que las sirenas no existen. El cuerpo impone sus reglas, sus humores y sus fluidos. Y los sueños son excesivamente etéreos para un cuerpo absolutamente esclavizado por los cinco sentidos. Lo que no se toca, no se come, no se huele, no se escucha y no se ve… eso no existe. Y si no existe..¿para qué entregar una vida por alcanzarlo? ¿Cómo lo alcanzo si no lo veo? ¿Cómo lo acaricio si no lo toco? ¿Con qué labios lo beso? ¿Con qué cuerpo lo abrazo? Al final la utopía acepta su fracaso y se rinde ante una realidad que lo absorbe todo. Cuenta la Biblia que una día, Esaú, hambriento, cambió algo etéreo, su primogenitura, por algo bien sabroso e inmediato, un plato de lentejas. La Biblia narra así el ascenso en las predilecciones divinas del astuto hermano menor, Jacob, que cambió la realidad por un sueño. Parece ser que el hambriento y realista Esaú tampoco fracasó. No alcanzó la isla de utopía, pero eso sí, montó un negocio de legumbres muy lucrativo. Que te vaya bien con el tuyo, mi amor. Yo seguiré aquí, intentado casar mis sueños con la soledad. |

De repente, vuelve a mi vida una de primeras novias, sin duda la más generosa, sin duda la que más me dio a cambio de nada, en una época triste y negra en la que yo no podía dar nada, porque me lo habían robado todo. Ella llenó de ternura mi corazón seco, ella roció de felices lágrimas mi negra esperanza, ella me ofreció los besos más puros, más apasionados, más cariñosos que jamás había recibido, y a ella le dije adiós, al cabo de unos meses, en una triste Semana Santa isleña donde, ya curado de mi vaciedad, solamente ansiaba volver a Barcelona, para dejarme arrebatar por un nuevo amor, más joven, más duro, más fascinante… y por supuesto, menos valioso. Ella, sin embargo, aceptó su derrota con la misma generosidad con que había aceptado su victoria, fuimos amigos, pero nuestros caminos divergían, ella se enamoró de los viajes y yo de las raíces, ella amaba el mundo y yo amaba el barrio. Y esta tarde, cuando yo estaba en compañía de mi vodka-tonic, refugiada en mi círculo cada vez más pequeño y más privado, suena el móvil y es ella, que, como siempre, está de paso, viene de América y se va a la India, y me invita a no sé qué concierto de no sé qué historia. Da igual, iré, solamente para verla. Ya sé que la nostalgia es un error, pero iré, porque al hablar por teléfono con ella, me di cuenta de una verdad inmutable: acaso por la misma ley física que demuestra que la materia no se destruye sino que se transforma, también los amores nunca mueren, sino que van viajando de persona a persona y ese estremecimiento de ternura, ese gemido imposible, esa irrefrenable lágrima de felicidad, no son anónimas, ni tampoco nuevas, llevan la firma de una antigua propietaria que me enterneció y me hizo gemir y llorar, aunque por culpa de la asquerosa realidad y sus poderosas rutinas, ella ya ande perdida en las páginas del libro del olvido. |

Tal vez lo más hermoso de un amor sea el comienzo. Todos los finales son tremendamente oscuros, el cine lo sabía cuando sus the end los culmina con un fundido en negro. Negro es todo final por definición, pues es un presagio del final de los finales, la puñetera muerte que acaba con todo y con todos. Pero, amiga mia, el comienzo es distinto, es como nacer, y no hay cosa más hermosa, insisto, no hay cosa más hermosa que contemplar el nacimiento de un nuevo amor, sentir el estremecimiento que mis palabras provocan en tu alma cuando digo lo mucho que te quiero con una sonrisa. A partir de ese momento, todo es decadencia. Con ese te quiero inicial he subido a la cumbre, he llegado a lo más alto, después todo es bajada y sí, claro, todo parece todo maravilloso, la brisa me da en la cara, me late el corazón más deprisa, las caricias son briznas de brisa que acarician y refrescan y tonifican mi piel, pero todo es engañoso, estoy descendiendo hasta que allá abajo, no me espera otra cosa que el final, el fundido en negro y empezar a escalar otra cumbre de otro amor, y eso en el mejor de los casos, si tengo la suerte de que vuelva a tocarme etapa de montaña, porque puede ser muy bien solo me quede llano y más llano y al final de todo, la definitiva carrera contra contra reloj, donde pedaleo más solo que la una, hasta la etapa final que es el adiós a la vida, y esto es todo lo que hay, se terminó la carrera para mí. Por eso no hay nada más hermoso que un amor cuando comienza, nada hay más hermoso que pedalear fuerte, y subir y subir, golpe a golpe, verso a verso, o beso a beso, hasta el premio de la cima, donde mi alma con tu alma, tu cuerpo con mi cuerpo, mi vida con tu vida, se funden y se confunden en una misma entidad, y siento que he llegado al cielo con mis propias fuerzas y estoy en la cima, sí, en la cima. Lástima que la vida sea corta y las cimas de la vida no tengan la altura que exigen los parámetros de la eternidad. La torre de Babel fue eso, un intento de llegar al cielo a base de amor. Y el resultado fue un fracaso. Porque la vida, en el fondo, también lo es. Pierde el amor y pierden los hombres. Gana el poder y ganan los dioses. |
Y me dejo arrastrar por la melancolía desbordante, casi infinita, de Sade cantando "Haunt Me" y es como si experimentara un orgasmo al revés, la cara negra del placer, pero no por ello menos adictiva. No hace falta convocar las lágrimas, ellas vienen solas, acuden primero mansamente, con timidez, con miedo a molestar, después aparecen en tropel, entre gemidos incontrolables, sollozos necesarios, pero estériles, que llegan por mil motivos, porque la vida es tan bella como breve, porque el amor es tan certero como lejano, porque me siento vieja y fea, porque tú estás demasiado distante y eres demasiado distinta, y mientras tanto, la eficaz, pero implacable Sade, me vuelve a repetir, con la tristeza de su voz, que soy tan sólo un brizna de nada, un leve reflejo de la sombra del atisbo de un sueño, un pozo de lágrimas en esta mañana de domingo, soleada y precisa, pero para mí terriblemente asesina. | 
Al final he caído en la tentación -bastante explicable, porque todo el mundo, tarde o temprano, acaba cayendo en ella- de fraccionar mi vida en dos partes, un antes de y un después de. Lo primero que se me ocurrió fue la de catalogarla en un antes de separarme de la mujer que me hizo tanto daño y después de liberarme de ella. Pero tal división, aunque cierta, me pareció excesivamente rendida a la evidencia. Ciertamente, cuando convivía con ella, yo hablaba, andaba, vestía, comía, bebía y vivía de forma bien distinta a la de ahora, sin embargo, antes y después de aquel nefasto episodio sentimental, he permanecido más o menos igual, con idénticas ilusiones y parecidas querencias. Si embargo, mi vida cambio de una forma más sustancial, y a la vez más sutil, cuando aprendí a navegar y degusté los mil y un placeres que experimento en este ejercicio, que ya es parte indisoluble de mi vida. Antes de que me aplaudan los amantes de la vela, me apresuro a dejar bien claro que, cuando hablo de navegar, me refiero sola y exclusivamente a Internet. Hay un antes y después, en mi vida, desde que Internet penetró en ella, hasta tal punto que no sería la que soy, ni sentiría lo que siento, ni viviría lo que vivo, sin el tiempo que me paso ante el ordenador, recorriendo el inmenso mundo que está detrás de su pantalla. Cada día la red me espera para ofrecerme mil sorpresas y yo soy fiel a ese encuentro, porque en sus mares, alivio mis miedos, suavizo mis depresiones, elevo mis esperanzas y hasta he llegado a descubrir el ingenuo, cálido y fascinante sabor que tienen los besos cuando viajan en ese mundo virtual y acaban depositándose en mis labios. Si no navego, no vivo, y lo que vivo, lo disfruto mejor desde que navego. Por eso hago mía aquella vieja máxima del marinero latino: "Navegar es necesario, vivir no es necesario". |

Está cayendo en mi ciudad una lluvia implacable que se cuela, de repente, por alguna rendija de mi corazón, y me veo rebosando de tristeza, a punto de las lágrimas, recordando a tantos y tantos muertos queridos. La lluvia ha pactado con el calendario, porque, en mi despiste, descubro que estamos en el nefasto Halloween, tiempo para pensar en los que ya dejaron de existir. Aparecen como en una vieja película en mi mente: mis profesores a los que les debo lo que soy, mi forma de escribir, mi forma de sentir, mi forma de observar, mi forma de vivir. Amigos y amigas que se fueron en plena juventud, por culpa de un estúpido accidente, de un maldito atentado, o de la insidiosa enfermedad que nos corroe por dentro. Besos perdidos, caricias convertidas en ceniza, ilusiones rotas, flores marchitas, pena. Y me rebelo contra el dolor, me niego a combatir la angustia con lamentos, así que saco del rincón de mis tesoros, un grand cru de Vosne-Romanée y mientras suena el Requiem de Mozart, lo saboreo con delectación, hasta la última gota, brindando por ellos, recordando sus consejos, evocando sus caricias, en un vano y ebrio intento de matar la muerte a base de amor. Acabo borrachita y suavemente feliz, y me prometo a mi misma que, cada año, en lo que me queda de vida, haré lo mismo, compraré un borgoña gran cru, para brindar por mis queridos muertos, a lo grande, como ellos se merecen. Me va a costar la broma el sueldo de un mes, pero más se lleva Hacienda y encima no te da las gracias. |

Emulando a Sartre, el gran depredador, hay quien afirma que el amor es una pasión inútil. Indiscutiblemente el amor es una pasión. Si no hay pasión, visceral, desaforada, rabiosa, arrebato que muerde y araña, entonces el amor se reduce a un acuerdo sentimental, un apaño amistoso, un desahogo compartido, una aburrida y a veces, sólo a veces, placentera forma de supervivencia. Pasión, sí, pasión absoluta y total, descontrolada y firme, pero ¿a qué viene lo de inútil? ¿Desde cuando una pasión es útil? El amor es una pasión imposible, porque es imposible que ese huracán, que desborda a una persona limitada, quepa en otra persona limitada. El amor es algo que nos supera, tanto si lo doy como si lo recibo, por eso es una pasión terrible, y por supuesto, excesivamente peligrosa. Sabina lo dejó bien claro: "Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres, porque el amor, cuando no muere mata, porque amores que matan, nunca mueren". Así es el amor, como lo siento yo: una pasión destructiva. Pasión suicida o pasión asesina, pero nunca, nunca, una pasión inútil. (Esto te lo dedico a ti, que me estás matando con tus silencios) |

Tengo una barriguita, como de embarazada de un mes, que me dibuja un perfil un tanto renacentista, con un puntito morboso y excitante que encaja perfectamente en mi natural procacidad. Eso sí, cuando suelo caer en la tentación de aparecer en un restaurante de recia cocina castellana y naufrago entre las morcillas burgalesas y el lechazo segoviano, el embarazo virtual de mi barriguita se acerca peligrosamente a los cuatro meses, lo cual es algo serio, pero da igual, siempre me gustó lucir un contorno redondeado y levemente pronunciado alrededor del antiguo canal de mi vida, este dulce y sugestivo hoyuelo que se ha convertido en una de las joyas de mi corona corporal. Este puñetero diseño corporal nuestro me tiene prohibido un placer que podría ser supremo, besarme el ombligo. Pero siempre me queda el consuelo de colocarme el mundo por montera, olvidar las crisis habidas y por haber, hundir al pesimismo en un pozo sin fondo, y contemplar la vida con una sonrisa de señorío, mientras me acaricio mi querido, preciado y precioso ombligo. Esperando, claro está, que esos labios tuyos, por los que muero cada día, me lo llenen de tus queridos, preciados y preciosos besos. |

Algún espíritu inflamado de solidaridad, o como se suele decir, alma caritativa, (dicho esto con las comillas más sarcásticas del mundo) haciendo un aparte, me recomendó con tono paternalista, “Lo tuyo no se tiene en pie, seguro que está fingiendo”. Aguanté con una sonrisa el dardo envenenado y le respondí. “¿Y qué?, nunca he sentido lo que siento gracias a lo que tu llamas fingimientos, benditas mentiras que me regalan más placer que mil verdades, benditos sueños que me llenan de felicidad más que tus vacías realidades”. Luego en mi soledad contigo, regresó como un mal presagio aquella frase del aguafiestas, y a pesar de ello, me encontré a mi misma más fuerte que nunca. ¿Mentira, verdad? ¿Sueño, realidad? ¿Sinceridad, simulación? ¡Qué más da! No hay nada más cierto que el amor que has despertado en mí, solo por ello, seas lo que seas, cuerpo, alma, realidad, quimera, verdad, impostura, solo por eso, por este amor que me hace temblar cada vez que pienso en ti, solo por eso, vale la pena vivir mil vidas. Y tú lo sabes. Y yo lo sé. Y al resto del mundo, eso, que le den. |

Ya sé que tu me quieres más, pero yo no concibo como puede ser posible, porque por más intentos que hago, ya no puedo amarte más de lo que te amo, un paso más y me derrito, un paso más y dejo de ser yo, un paso más y me muero en tus brazos, soy tu sombra, me convierto en parte de tu cuerpo, me fundo en tu alma, te adoro, lloro por ti, muero por ti, sueño por ti, ya lo sé, son las cuatro de la madrugada y estoy borrachita, pero no del vodka que he tomado, sino de ti, de ti, de ti, de ti, solo de ti, quiero morirme en tus brazos, hacer el amor hasta la agonía contigo, solo contigo, una y otra vez, sin pausa, una y otra vez hasta dejar de ser dos cuerpos y ser uno solo, muero por ser tu vientre, tus senos, tus piernas, tus labios, tu coño, tu boca, me desharía en ti ahora mismo, te quiero más que a mi propia vida, y nada más decirnos adiós, no hago otra cosa que extrañarte y soñar en el momento feliz en que volvamos a estar juntas, no he tenido un amor más auténtico, más pleno, más inmenso, más fascinante que el que tú me das cada día, te adoro, haz con mi cuerpo, con mi alma, con mi vida, lo que quieras, te pertenezco, aprópiate de mi, soy tuya, tuya, y solo tuya, hasta la muerte.….
Y entonces aparece Laura Pausini y me canta al oído lo siguiente:
No puedo fingir más que no me importa, que no estoy alocada no puedo seguir engañándome diciendo que nunca pienso en ti. Me haces fuerte me enseñas que no soy débil para enamorarme pensaba que nunca lo necesitaría y ahora nunca tengo bastante. Siempre me cuidé sola siempre pensé que tendría el control pero has cambiado todo lo que yo creía y ahora no puedo luchar contra este sentimiento, cariño. Alzo los brazos y me rindo porque tu amor es demasiado fuerte y no puedo continuar sin tus brazos llenos de ternura, cariño. No resistiré Pues tus caricias y tus besos han destrozado mi escudo, me rindo. Debo admitir que nunca pensé que necesitaría a alguien tanto pero tú me has abierto los ojos de tal modo que ahora puedo ver mucho más. Siempre me cuidé sola siempre pensé que tendría el control pero has cambiado todo lo que yo creía y ahora no puedo luchar contra este sentimiento, cariño. Alzo los brazos y me rindo porque tu amor es demasiado fuerte y no puedo continuar sin tus brazos llenos de ternura, cariño. No resistiré Pues tus caricias y tus besos han destrozado mi escudo, me rindo. Me rindo ante este sentimiento en mi corazón me rindo ante mi corazón al tacto de tus labios al sabor de tus besos. Alzo los brazos y me rindo porque tu amor es demasiado fuerte y no puedo continuar sin tus brazos llenos de ternura. Me rindo.
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