Blogia

A mí no me mires:

Deseo.

piel

Tus ojos paseando por mi piel.

piel

Me vuelve loca que marques mi cuerpo con la huella de tu pasión.

piel

Solo tú, sin atavíos ni abalorios, desnuda de todo menos de tí.
piel

Y yo me quedaría solamente contigo, con mi piel pegada a tu piel,
boca con boca, mano con mano, sexo con sexo
piel

Necesito marcarte y marcarme.
Dejar huella indeleble de este delirio que me consume.
Tatuar mi deseo en tu sexo.

piel

Besaría tu espalda, de nuca a trasero, y con mis labios sedientos de ti,
recorrería tu columna vertebral hasta erizar tu piel y eliminar de tus ojos,
el mal recuerdo de los hombres que no te han sabido amar.

piel

Y mis labios olvidarían mi boca para residir en tu boca,
hasta convertirse, a fuerza de besos,en una prolongación de tus labios.
piel

Porque estoy dispuesta a luchar y quiero que sepas que mi ilusión
es capaz de crearte de nuevo, para poder creerte una vez más.
Mi amor es omnipotente y contagioso.
Así que será mejor que no te resistas, porque tarde o temprano,
acabarás como yo, dominada por este virus que me pierde en tí,
noche y día.

Brujas

cueva de las brujas

En Zugarramurdi, al norte de Navarra, cerca de la frontera francesa, hay unas cuevas formadas por un arroyo, llamado Infernuko Erreka. No muy lejos de allí, existe un prado, que lleva el nombre de "akelarre". Allí la Inquisición detuvo, torturó y quemó en la hoguera a numerosas mujeres acusándolas de ser brujas.
Su delito: ser diferentes. Unas eran curanderas, otras estaban enfermas de epilepsia, otras se dedicaban al contrabando, otras ejercían a la prostitución.
Algunas eran lesbianas.
Para la crueldad sádica de aquellos hombres cegados por el fanatismo,
todas eran brujas.

Procuro ir una vez al año, paseo por el akelarre, penetro en alguna de las cuevas,
y en homenaje a la memoria de aquellas mujeres recojo una piedrecita del Infernuko Erreka y me la llevo de recuerdo.
Tristes víctimas de un mundo violento y macho.

Kat.

Kat


Me cuesta mucho hablar de ella, hasta me cuesta pronunciar su nombre. La conocí en un pase de modelos.  Ella los lucía y yo preparaba un slogan sobre una marca de ropa interior. Sucedía en aquellos años míos, un tanto esclavos, cuando me ganaba la vida, ejerciendo de tonta para todo, en una agencia de publicidad, sobrada de machistas con gomina. Como aquellos endiosados ególatras, acostumbrados a las campañas de coches deportivos, no se dignaban descender a los vestuarios de una pasarela, pues allí estaba yo.
Y allí estaba ella, desnudándose y bailando, vistiéndose y bailando, desfilando y bailando, sonriendo y bailando, hablando y bailando, gozando de la vida y bailando. Era un homenaje al  movimiento perpetuo, la afrodita de la marcha total.  Tenía cuerpo de modelo, delgado para muchos, pero no para mí, porque era increíblemente proporcionada, una morena entre mil, con unos senos sugerentes, pero no potentes, una espalda asombrosa, un culo envidiable, y unos muslos de locura. Aún así, lo que me desenfrenó fue su forma de sonreír, y cómo brillaban sus ojos al decir gracias, al decir hola, al decir que tal, al decir cualquier cosa. Todo el optimismo y la alegría del mundo se habían aposentado en aquella maravilla de mujer,  bellisima síntesis de italiana, argentina y ucraniana.
Hice de todo por estar a su lado. Porfíe, intrigué, llamé a amigos de amigos de amigos,  ataqué por todos los flancos, hasta conseguir introducirme en su círculo. Nunca estuve más maravillosa, ni más encantadora, ni más fascinante,  ni más zorrita. Pero en vano. Ya me veía, una vez más,  reconociendo mi derrota y admitiendo que esa maravilla de la naturaleza,  pertenecía a la inmensa mayoría de cenicientas en busca de su príncipe.
Pero una tarde de viernes, en un café de las Ramblas,  mientras ella charlaba animadamente con un clon de Stallone   y yo soportaba con resignación a otro cachas que intentaba conquistarme con una retahíla de tópicos, ella de pronto me mira, me sonríe, se levanta, me agarra de la mano y me lleva al cuarto de baño. Pensé: Típico cotilleo, me preguntará que tal me parecen esos tíos. Le responderé, creo que no te lo he dicho, pero soy lesbiana. Ella me confesará, perdón, no me había dado cuenta, soy muy despistada para esas cosas.  Y será en ese momento cuando una servidora hará mutis por el foro  porque la que podría haber sido el amor de mi vida, además de hetero, no se entera de nada. Enfrascada en mis divagaciones entro en el lavabo, y ella cierra la puerta, me aplasta contra la pared, y me arrebata literalmente. Uno, diez, cien, mil besos, hambrientos, juguetones, divertidos, que daba y recibía,  sin atenuar su risa fresca, clara y contagiosa, hasta que me deshice en carcajadas.
 Todo aquel verano fui la sombra de su sombra, tres meses de pasión, tres meses de inmenso júbilo, tres meses donde aprendí  el indescriptible placer de tener orgasmos sin dejar de reir, donde conocí  el supremo gozo de estar a su lado, de mirar, admirar, besar, acariciar, pellizcar, morder, oler, devorar su piel,  de sorprenderme a mí misma dando saltos de alegría por la calle, rebosante de energía,  abarrotada de felicidad.
Pero siempre llega septiembre, maldito septiembre. Volvimos al trabajo. Ella, como modelo de segunda clase, por la ruta Milán-París-Madrid-Barcelona. Yo,  en mi nueva tarea de empresaria de mi misma,  trabajando en imagen, publicidad, y vanidades varias. Nos veíamos poco,  pero siempre intensamente, recuperando en un minuto un mes de ausencia. Hasta que en primavera le surge un trabajo en Nueva York, y allí vuela con el plan de quedarse una larga temporada. No sé por qué, en el momento de la despedida, ante el penúltimo beso, no tuve el valor, o la osadía de hacer las maletas y adosarme a ella. Mi puñetero respeto a la libertad de los demás, me impidió dar ese paso, y me quedé con el complejo de Penélope. Teje tu tapiz de recuerdos, que ella volverá algún día.  Tal vez ese fue mi error. O mi suerte.
Pasó el verano y dejé de tener noticias suyas. Y cuando creía que el olvido, siempre voraz, se había tragado los recuerdos de mi pasión, hace unas semanas vuelve su figura arrebatarme, pero esta vez me convierto en un incontrolado mar de lágrimas sin fin, al enterarme, por una de esas tristes carambolas del destino, que ella, una mañana soleada del otoño neoyorkino, había estrenado su mejor vestido y con la más cautivadora de sus sonrisas y los ojos más brillantes que nunca,  había entrado en una agencia de casting, decidida a conseguir ese contrato tan soñado que la convertiría en supermodelo. Pero en aquel rascacielos no estaba el glamour, sino el horror.
Ella fue una de las miles de víctimas del 11-S.
 

La pereza se me sube a la cabeza.

 olga y valeria
Mucho tiempo sin escribir. Tengo la curiosidad de vacaciones, me emociona lo obvio, estoy a punto de convertirme en una ardillita de sabidas costumbres y solamente me hace falta aprender ganchillo para sacarme el carnet de ancianita prematura.

Pero recibo una foto de dos antiguas amigas, Olga y Valeria, desfasándose como únicamente ellas lo saben hacer, y se me salta la lagrimita de emoción. Me viene a la memoria mi época de pendona, cuando nosotras tres (y cien mil copas detrás) tomamos la sublime decisión de montar un trío. Duró nueve meses (tres veces tres) pero fué un tiempo inolvidable. Nunca me he reido tanto.

Como suele suceder, el trio murió de celos. Externos, claro. Ninguna de las tres teníamos celos de ninguna de las tres. Pero eramos extremadamente celosas de todo lo que venía de fuera, temíamos que apareciera alguna tipa y lo fastidiara todo. Y así fué. Conocí a una impresentable, de cuyo nombre no quiero acordarme, que, además de engañarme como a un chinita del domund y estafarme como a una inversora filatelica, me separó definitivamente de mi parejita feliz y de sus incontroladas y maravillosas locuras.

Junto con esa foto tan envidiable que se hicieron en último concierto de no se quién, Olga, la rubia y Valeria, la morena, me escriben una nota (breve, claro, ellas son mujeres de acción y no de disgresión) y me dicen que me recuerdan, me perdonan, y hasta me invitan a vivir un tiempo con ellas. Pero están en el nebuloso London, le dan mucho a la coca y yo quiero aprender ganchillo.

Está visto que la que nace para boba....





Pecios.

Hay días en que el sol se enamora de mi cuerpo desnudo y me imagino que soy una mormonaza rebosante, con una docena de hijos, dando vueltas a mi alrededor y haciéndome vivir la vida en un excesivo y desbordante plural.
Hay días, sin embargo, en que se me cierra la matriz y el corazón, el pobre loco, hastiado de tan infructuosa y yerma desolación, adopta un hijo de cada continente, como otra Angelina Jolie, mientras espera que llegue Brad Pitt y le fecunde.
Al final, mi cerebro intratable controla estos devaneos heterosexuales provocados por el puñetero instinto maternal, y entonces me conformo tan sólo con que mi piel, a base de mimos, continúe siendo por mucho tiempo acariciable.

Llegará un día, tal vez más pronto de lo que temo, que se terminará la época dorada de las flores y los amores, y habrá que buscar un lugar al sol, para degustar, sorbo a sorbo, la copa de mi soledad en toda su insufrible amargura.
Pero así son los buenos aperitivos, siempre amaros, y la soledad es el aperitivo que me prepara para la muerte. Lo contrario es esa yuxtaposición de cuerpos que llamamos compañía, y que no es otra cosa que una droga alucinatoria que intenta retrasar el crudo momento de enfrentarme cara a cara con el adiós a la vida.

En estos momentos de lucidez, mi alma queda atravesada por el rayo de la sucia certidumbre y mi cuerpo solo ansía convertirse en un trozo de corcho, capaz de resistir todas las tormentas y mantenerse milagrosamente a flote.
Sería el cielo si el corcho tuviera tetas.

Sonata para tres orgasmos

 

Cuando quiero tomar copas con el único fin de pasarlo bien y charlar y hacer unas risas que me quiten los malos rollos de encima, llamo a mis dos grandes amigos, casi hermanos míos, Lusi y Chema, uno es un solterón que liga todo lo que le echen y el otro, mas joven que yo, es un crío que a su edad ya acumula dos divorcios, una especie de Mozart de la vida amorosa. Cuando los tres cogemos el puntito, somos irresistibles, montamos un número, la gente se cree que hacemos un trio, y de sexo, nada, gracias, hay otras formas disfrutar que no pasa por lo genital.
Pues bien la otra noche, me dejan en casa, después de recibir los achuchones cariñosos de rigor, y cuando me desnudo para acostarme, me da el bajón, me asomo desnuda al espejo y me veo muerta, no sé cuando, dentro de diez, veinte, treinta, cuarenta años, pero paff, adiós a todo esto, muerta, finito, se acabó.
Acaricio mis tetas y comienzo a llorar sobre ellas, todo esto termina un día, Lore, hazte a la idea, y mientras suena la música decadente del Hotel Costes en mi Ipod, me tiendo en la cama, y me masturbo frenéticamente pensando en el más acá, lo único que tengo, lo único que tenemos, agarra este placer Lore, querida mía, porque no te queda más que esto, el gustito y su recuerdo, y cuando llegan, uno, dos y tres, mis orgasmos de rigor, me duermo acurrucada en la almohada como si fuese mi diosa protectora, y continuo llorando porque la vida es eso, una maravillosa, inestimable, indescriptible, arrebatadora, impresionante y magnífica mierda.

Las novias aprietan,

pero el azar no ahoga

Pues resulta que mi presunta """""novia"""""" (vamos a ponerle un montón de comillas) pasaba de mí cosa mala. Por culpa del maldito trabajo, la habían ascendido a ejecuta agresuta y se había largado al Madrid de la España, a brokear con los sobrinos clones de Florentino Pérez, (esos que en vez de pene tienen un palm top) Y por aquello de que cuando no estaba de cena, estaba reunida, solamente podía relacionarme con ella o bien por unos sms que eran una caca o por un messenger, donde, mira por donde, cuando  yo me conectaba, ella estaba ausente, y viceversa. (Ese viceversa no me lo creo, pero vamos a dejarlo así)

Así que el pasado viernes, cansada de esperar, tomé la sublime decisión de resignarme y aceptar que esta especie de cosa, que intentaba ser una relación de pareja y que nunca acabó de parecerlo, había terminado de la peor de las maneras, a la francesa, sin un puto adiós, sin una pelea como es debido, sin poder tirarnos de los pelos, insultarnos y decir la tira de tacos, que es como me gustan a mí las despedidas sentimentales.  (Lo siento, soy biznieta de siciliana)

Y estaba yo ante el terrible dilema de echar una lagrimita o ponerme ciega de Absolut  (o las dos cosas) cuando de repente, como un Mago Bueno, aparece mi tío Julio, me pega un achuchón tan arrebatador, que estuve a punto de mandar a Sapho a que se lanzara por el precipicio, y con la excusa de que le había salido bien un negocio de un par de millones (de euros, of course) va y me regala estas dos cosas, dos, y por este orden:

Las obras completas de Bach. Edición especial en 160 CD,s. Una pasada total. (¡¡¡¡¡Y solo cuesta 99 euros de vellón!!!!)

El Creative Zen Vision 30 Gigas. Sintoniza radio y TV. Archiva y reproduce canciones y dvds, funciona como disco duro, agenda, y cabe en la palma de la mano. (Es un muchito más caro que las obras de Bach, claro)

Se me ha ido en un suspiro el fin de semana pasando a Bach en mp3 al Zen, y aún me sobrará espacio en el chintófano. Así que me voy a averiguar las obras completas de Mozart, que acaban de salir, en otros tantos CDs y al mismo precio. Esta vez los 99 euros salen de mi bolsillo. Tampoco una es tan pobre.

Lo siento, futuras novias, pero no estoy para nadie.

¿Os habéis dado cuenta, alguna vez, queridas mías, del placer entre erótico y sabiamente egoísta, que te proporciona la música de Bach, mientras te rascas y acaricias, te acaricias y te rascas, te rascas  y acaricias, el desnudo ombliguito, y otras cosas que es mejor no detallar?

 

Cínica reflexión

en el Día Internacional de la Mujer.

culomunco

Las mujeres somos el culo del mundo.
(Si lo tenemos bonito, todo el mundo se vuelve para admirarlo)

Envidia cochina.

Claudia y Merce 
Claudia y Merçé son dos amigas muy amigas que me quieren un poco,
pero hasta aquí hemos llegado,
o sea que no hay forma de que me incluyan en su relación,
como tercera en concordia, claro.
Ellas se bastan y se sobran, se acaparan, se miman, y se devoran,
y mejor que no siga pormenorizando, porque una no es de piedra.
Lo que son las cosas, llevaba una semana absolutamente "klimt",
topándome con sus excitantes cuadros aquí y allá,
cuando recibo e-mail de la parejita feliz,
donde me explican, con más pelos que señales, la semana de ocio y placer
que se están pegando en el París de la Francia.
Resulta que se toparon con uno de sus bocetos en un museo,
y como conocen mi furia loca por lo que pintó el amigo Gustav,
inmediatamente fueron a su hotel y me lo reprodujeron en vivo,
sola y exclusivamente para darme envidia, las muy perras.
Las quiero demasiado para abjurar de ellas,
pero la verdad, esto no se le hace a una amiga necesitada,
sobre todo sabiendo como saben que llevo un mes sola, fané y descangallá.

Habrá que soltarse el pelo, digo yo.

Yo también soy danesa.

 mahoma

¿Por estas minucias se mata la gente?
Un poco de sentido común, hermanos.

 

 

 

 

Reflexiones pelín cínicas

ante un futuro miajilla oscuro.

sueldo máximo

Estoy hasta las narices de ganar mil euros al mes.
Estoy hasta el moño de no salir de pobre.
Estoy hasta semejante parte de no prosperar,
por más méritos que una haga en el trabajo.
Pero, chica, sé realista, tal y como está el patio laboral,
y mientras no se me caigan las tetas,
sólo tengo tres opciones:

-Enrollarme con un famosillo
y vender caras mis peripecias en la tele del tomate.

-Enrollarme con un millonario
y sacarle después una pasta con la pensión de divorcio.

-Enrollarme con cualquier pagano ansioso (hay la tira)
y convertirme en puta de lujo.


Lo cual quiere decir que la culpa de toda esta misería mía,
la tiene también ese afán tan mío
por seguir disfrutando de los plácidos placeres
que me proporciona mi agradable galaxia lesbianita.

¡Joder!
(Y nunca mejor dicho)
¡Qué complicado es esto de la financiación!
No me extraña que discutan tanto el estatut.

De mi barrio: Cinco que sí, cinco que no,

y cinco que ni fu ni fa.

gracia

Vivo en Barcelona, en el barrio de Gracia.
Lo amo, lo odio y me causa indiferencia, todo a la vez.
Estos son mis motivos:

Cinco cosas que me gustan:
1. El Ciber de Verdi.9
Es como mi segunda casa.
2. La D.O. 
El cocinero, Joan hace unos platillos de ensueño, con influencia japo,
y hay una buena bodega para acompañarlos.
3. El Bar Canigó de la Plaza de la Revolución.
Sobre todo por su camarero, David.
4. El Alfa.
Copas y copas. Con la mejor música del barrio.
5. La Plaza del Sol.
A pesar de los pesares de okupas y pasma.
Y en ella la cervecería Sol, y una sol en la mano,
y ver como la tarde se convierte en noche, sin prisas y con amigas.

Cinco cosas que odio.
1.El Cine Verdi.
(Me repatea su ambiente cinéfilo, tiquismiquis y pijichurri)
2.Los Equinox. 
Sus oscuros platos, su sospechoso sabor, y sobre todo, su insufrible olor.
3.Las extrañas obras y planes viales.
El Ayuntamiento de BCN  no entiende o no quiere entender la realidad del barrio.
4.Los propietarios de pisos en alquiler.
(Una intransitable casta de usureros)
5.La Plaza de la Virreina.
Donde se junta la gente de Gracia que tiene menos gracia.
 
Cinco cosas que me dejan indiferente
.
1.La Fiesta Mayor de Gracia.
2.Las tiendas de moda de Verdi y alrededores.
3.Las teterías.
4.El Teatre Lliure.
5.La Plaza del Diamant.

Ahora vosotros/as me tenéis que contar de vuestro barrio,
vuestras cinco cosas que sí, cinco que no,
y cinco que ni fu ni fa.

¡Vuelve la Lore que hace trabajar a su gente! Kiss

Martina, entre sonrisas.

martina

Camino por la calle sola y como siempre, dándole vueltas a la cabeza. Me miro en el espejo de un escaparate. Voy tan abstraida en mis cosas, que se me ha puesto una insoportable cara de palo. Parezco enfadada con la vida. No es para menos, porque el mundo que nos han legado nuestros padres no puede ser más ramplón, interesado y arisco. Me relajo. Me observo bien. Como siga así, las arrugas provocadas por el ceño fruncido se convertirán en perennes. Arrugas por arrugas, prefiero las que se forman alrededor de la boca cuando salta la carcajada. Sonrío. Cada vez más intensamente. De la sonrisa paso a la risa. Clara, abierta, sonora. La gente me mira. Lorena está loca. Pues sí. ¿Y qué? Sonreir es gratis. Todavía. Sigo caminando. Y en las cuatro manzanas que me separan de mi casa, voy repartiendo sonrisas a desconocidos y desconocidas. Calculo haberlo hecho a unas 20 personas. Algunas, las menos, me han devuelto la sonrisa. Otras, las más, se han quedado con el asombro a cuestas y con el pie cambiado. Solamente una chica se encara conmigo y me pregunta: ¿Por qué me sonríes? Respondo: "Antes lo hacía, porque me gusta sonreir, pero ahora lo hago porque me gustas tú". Nos sentamos en las cómodas butacas del nuevo Starbucks de Travesera/Muntaner.  Charlamos, tomamos un café, volvemos a sonreir, esta vez con más motivos. Con un poco de suerte, este imprevisto encuentro puede ser el comienzo de una gran amistad. Me reconcilio con este mundo ramplón, arisco e interesado. Felizmente hay cosas que nunca se comprarán con dinero.

Let’s do it, let’s fall in love

enamoradas

Estaba intentando escribir algo bonito sobre nuestro inesperado reencuentro,
cuando, una vez más, el mago Cole Porter me ha recordado
que lo que te estaba escribiendo, él ya lo había hecho en una bonita canción.
Y yo, dada mi naturaleza vaga y copiona, la transcribo tal cual.
A ver si así haces caso a la letra y no te vuelves a ir nunca más.
¡Como me gustaría tener la voz de Alanis Morissette para cantartela al oido!

But that’s why birds do it,
Bees do it,
Even educated fleas do it,
Let’s do it, let’s fall in love.

In Spain the best upper sets do it,
Lithuanians and Lats do it,
Let’s do it, let’s fall in love.

The Dutch in old Amsterdam do it,
Not to mention the Finns,
Folks in Siam do it,
Think of Siamese twins.

Some Argentines without means do it,
People say in Boston even beans do it,
Let’s do it, let’s fall in love.

Romantic sponges they say do it,
Oysters down in Oyster Bay do it,
Let’s do it, let’s fall in love.

Cold Cape Cod clams ‘gainst their wish do it,
Even lazy jellyfish do it,
Let’s do it, let’s fall in love.

Electric eels, I might add, do it,
Though it shocks ‘em I know,
Why ask if shads do it,
Waiter bring me shad roe.

In shallow shoals English soles do it,
Goldfish in the privacy of bowls do it,
Let’s do it, let’s fall in love.

The dragonflies in the reeds do it,
Sentimental centipedes do it,
Let’s do it, let’s fall in love.

Mosquitoes, heaven forbid, do it,
So does every katydid do it,
Let’s do it, let’s fall in love.

The most refined ladybugs do it,
When a gentleman calls,
Moths in your rugs do it,
What’s the use of moth balls?

Locusts in trees do it,
Bees do it,
Even overeducated fleas do it,
Let’s do it, let’s fall in love.

Let’s do it, let’s fall in love,
Let’s do it, let’s fall in love...

 

Amo mi cabeza.

(Declaración de Amor v.1,5 beta)

cabza

Amo mi cabeza. Ella lo es todo para mí.
Gracias a mi cabeza, mi cerebro, mi mente o lo que sea eso,
puedo hacer mucho más de lo que pueden hacer mis manos, mi labios, mi cuerpo o mi sexo,
porque lo puedo imaginar
y eso es más fuerte, más intenso, más adictivo
que la que la otra realidad que captan mis sentidos.
Es la fábula de aquel que soñaba tan bonito,
que tomaba somníferos,
para seguir soñando sin los quebrantos del duro despertar.
Gracias a mi cabeza, sueño y no muero cada vez que me duermo.
Nada es importante, si mi cabeza no lo valora.
Y mi cabeza me dice siempre que nada vale la pena,
porque aunque lo alcances todo,
terminas hecho cenizas como aquel que no ha tenido donde caerse muerto.
Y mi cabeza me sigue diciendo que tanto da ser la más fuerte,
la más guapa, la más influyente, si al final todo se acaba.
Y es mi cabeza, mi bonita cabeza, la me preparara para ese momento
en que diga adiós a todo esto.
Porque mi cabeza sueña, imagina, olvida, anima, consuela.
Si tuviéramos el cerebro artificial y el temperamento lógico de una computadora hace tiempo que nos hubiéramos suicidado.
Mi cabeza me ayudará a ser feliz, y a enamorarme y soñar con la utopía,
incluso cuando mi cuerpo se haya hundido ante las arrugas del tiempo
y sea un presente de ruina y un mañana de cenizas.
Amo mi cabeza.
Gracias a mi cabeza, me amaron tanto.
Gracias a mi cabeza amé yo más.
Y gracias a ella, también, me he enamorado de ti.
Aunque no te haya visto, aunque físicamente no te conozca.
Pero sé cómo escribes, cómo sientes, cómo piensas
y por todo ello, mi cabeza se ha enamorado de la tuya.
Gracias a mi cabeza, mi cabecita loca, pude escribirte
este soneto irremediable para un amor imposible,
o este soneto imposible para un amor irremediable:

Mi vida es un colgante que llevas en tu cuello
muy cerca de tu pecho, donde nace el cariño,
cuando llega la noche con su negro destello,
en tu piel me acurruco, como si fuera un niño.

Mi vida solo vale para estar a tu lado,
el resto es poca cosa, minucias sin sentido.
Tengo lo que me quieres, y soy afortunado
porque tú eres el oro en el que yo he creído.

Si me dicen que mire con realismo la vida
yo digo que la vida para mí es otra cosa
acariciar tu espalda, besarte en espiral

No quiero estar entero, me gusto con la herida
que me causa la pena, la pena tan hermosa,
de un donde diferente y un cuando desigual.

Y aunque tú, querida, con tanto exceso de miedo como de sentido común,
hayas abandonado el campo, en busca de baños más pragmáticos,
aunque no quieras dar señales de vida,
si mi cabeza quiere, no te has ido.
Sigues aquí,
muy cerca de mí,
muy en mi hombro,
dándome besos infinitos en espiral...
Gracias a mi cabeza.

Declaracion de amor (versión 1.5 beta)

mirada

Habrá que sacar el bisturí. Porque tu mirada es eso.
Una lanza quirúrgica que me traspasa y alcanza el entresijo último del alma,
allá donde tengo conservado, como oro en paño,
el secreto de mis secretos,
el que no quiero revelar a nadie, ni siquiera a mí,
y de golpe, todo se convierte en un caleidoscopio
donde lo oculto sale a la luz, reflejado en múltiples facetas.
Y renace aquella ilusión infantil que llevaba dentro,
que solo quiere dormir arrullada con la canción de cuna de una caricia tuya,
y surge la ternura, el silencio que dice tantas y tantas cosas
entre besos enlazados interminablemente,
y se acrecienta la sed de tu piel,
la fiebre siempre incesante de entrar en lo más profundo de tu cuerpo,
de convertirme en el envés de tu sexo,
para devorarte toda entera, desnuda, viva, múltiple, entregada, mía.
 
Y tú me sigues mirando y es como si alguien bailara un bolero con mi alma,
mientras te canto al oido la sonata que Aznavour creó para su amada Isabelle,
Je me contenterais de caresser ton ombre,
si tu voulais m’offrir ton destin pour toujours
Me conformaría con acariciar tu sombra,
si me ofrecieses tu destino para siempre,
en un lugar quimérico donde no hay otro deber que amar sin medida,
donde el tiempo se ha detenido en un indecible pasmo,
para que nada ni nadie pueda dar por finalizado ese instante mágico,
donde tus ojos se cruzan con los míos, se besan,
y se dicen lo que las palabras, muertas de impotencia, son incapaces de expresar.
 
Tu mirada me desnuda por dentro.
Tu mirada me ha hecho perder el rumbo si es que alguna vez lo tuve,
navego contra corriente porque ese es el destino que tus ojos han fijado para mí,
y me oriento desorientándome,
acelero frenando, buscando encuentro,
extraviándome me recupero, conteniéndome me desparramo,
hundiéndome me elevo hacia la puerta más alta del cielo.
¿Qué puedo hacer de mí, ahora que he conseguido acariciar el infinito?
¿Cómo puedo mirar atrás, ahora que he podido besar la utopía?
¿Acaso mi largo ayer de búsqueda ha dado por resultado
esta entrega total de todas las defensas, esta rendición incondicional
ante quien con una caricia puede estremecer tu cuerpo hasta la extrema agonía de la felicidad?
¿Qué puede hacer mi cabeza,
que se ha quedado sin argumentos para contrarrestar esta maravillosa invasión?
¿Y qué pueden hacer mis labios,
que cuando están sin los tuyos, solo saben decir tu nombre, mi amor, solo tu nombre?
Me faltan las respuestas.
¿Para qué?
Me quedo con tus preguntas.
Con tu presencia, tu sonrisa, tus mensajes.
Con el presentimiento de mil inagotables noches de amor,
Con un cuerpo inexplorado lleno de rincones por imaginar.
Y sobre todo, con tu mirada.
Tengo tu mirada.
La que me hace morir.
La que me hace vivir.

Declaracion de amor (versión 1.4 beta)

beso


Aunque parezca una quimera,
yo sé que un día te veré y te acariciaré como nadie lo ha hecho,
y podré culminar el amor que te tengo
en la más perfecta unión que hayan tenido jamás dos cuerpos,
y me estoy preparando para ese feliz encuentro,
porque no pasa una noche que no entre en tí,
no pasa un momento del día que no intente absorber tu calma,
tu alegría, tu sonrisa, tus ojos, tu nuca, tu espalda, tu vida.
Y no me importa nada
que para muchos sea el amor más extraño del mundo,
y no me importa nada
que todos me digan que mi mundo está girando al revés,
ni siquiera me importa
que un día te olvides de mí,
porque sé que eso es imposible,
podrás borrar de tu memoria lo externo de mí,
lo corruptible y efímero,
la impresentable hojarasca de mi decadencia,
pero nadie, y menos tú,
podrá condenar al olvido el amor que te tengo,
pues se ha grabado, a fuego de pasión, en tu piel.

Aunque parezca una quimera,
yo sé que un día pasearemos juntos por las avenidas del alma,
y que mi vida se deslizará por tus senos,
besando una y otra vez los latidos de tu corazón.
Y sé que lloraré lágrimas de ternura y de cariño infinito
dentro, muy dentro de los rincones más íntimos de tu sexo adorable, 
y que dejaré allí la semilla de mis besos,
para que fructifiquen en un amor que rompa las barreras del tiempo
y nos instale en una inagotable juventud,
para ser derrochada generosamente
en quererte y quererte y quererte y quererte.

Aunque parezca una quimera,
yo sé que un día se cumplirá este sueño,
y nos acariciaremos incrédulas como quien acaricia un sueño irrealizable,
Y sé que un día te tendré,
porque ya te tengo,
Y sé que un día te amaré,
porque ya te amo.
Y sé que un día te haré mía,
porque ya lo eres. 
Nada me dice nada, si no me lo dices tú.
Nada me importa nada, si no estás tú. 
Porque todo lo que me importa y me fascina
y me hace reir y me hace llorar
y me mata y me resucita,
todo eso está en tí y solo en tí.
En tí, y en tu mirada.

Aunque parezca una quimera.

Declaración de amor. (Versión 1.3 beta)

love

Si pudiera volver a nacer
pediría hacerlo el mismo día que tú
para poder convertirme en el gran amor de tu vida,
por el que serías capaz de darlo todo
hasta la mirada que más y mejor te define.

Si pudiera volver a nacer,
atraparía los sentimientos que tengo acumulados
desde el mismo día en que te conocí,
y los iría desgranando como pétalos de rosas
sobre tu piel húmeda de agua de mar.

Si pudiera volver a nacer
te llevaría a mi playa,
y con los mejores vinos del mundo,
compondríamos juntos una sinfonía inacabada e inacabable
de sexo, ternura, caricias, y besos infinitos.

Si pudiera volver a nacer,
entraría en tu vida arrebatadamente,
te arrancaría de cuajo de tu país, tu paisaje, tu tierra, tu gente
y te raptaría donde nadie pudiera interrumpir
este incesante diálogo de suspiros, gemidos y miradas.

Si pudiera volver a nacer
bebería vino en la copa de tu boca,
comería en el cuenco de tu sexo,
caminaría con tus pies,
y mis manos serian incapaces de separarse
del tacto exquisito de tu piel

Si pudiera volver a nacer
le pediría a la Diosa de la Mirada
que me convirtiera en tus ojos
para ver la vida, las cosas, las gentes
con todas tus seductoras y maravillosas dudas.

Intermezzo.
(A modo de puente)

En este tiempo donde intentan colocarnos cualquier saldo
porque todo está en venta,
bueno será pagar lo que pidan por un kilo de utopía.

La utopía, ave volandera que se pierde en el horizonte,
es tan necesaria como el pan nuestro, real y crujiente, de cada mañana.
La utopía puede que esté esperándonos al final del camino,
allá donde el cielo besa la tierra,
donde los antiguos enclavaban la cuna de la luna,
y el paraíso de las ilusiones.

Utopía, bella palabra, delicada y frágil como el cristal de Bohemia.
Utopía, que nos convierte en caminantes sin saber el camino,
haciendo caso del poeta que hacía camino al andar,
o del marinero errante que decía:
Vivir no es necesario, navegar sí que lo es.

De repente, se abren las ventanas de mi habitación
y Serrat, mi viejo amigo, me canta al oído:

Se echó al monte la utopía
perseguida por lebreles que se criaron en sus rodillas
y que al no poder seguir su paso, la traicionaron;
y hoy, funcionarios
del negociado de sueños dentro de un orden
son partidarios
de capar al cochino para que engorde.
¡Ay! Utopía, cabalgadura
que nos vuelve gigantes en miniatura.
¡Ay! ¡Ay, Utopía,
dulce como el pan nuestro de cada día!
Quieren prender a la aurora
porque llena la cabeza de pajaritos;
embaucadora
que encandila a los ilusos y a los benditos;
por hechicera
que hace que el ciego vea y el mudo hable;
por subversiva
de lo que está mandado, mande quien mande.
¡Ay! Utopía, incorregible
que no tiene bastante con lo posible.
¡Ay! ¡Ay, Utopía
que levanta huracanes de rebeldía!
Quieren ponerle cadenas,
pero, ¿quién es quien le pone puertas al monte?
No pases pena,
que antes que lleguen los perros, será un buen hombre
el que la encuentre y la cuide
hasta que lleguen mejores días.
Sin utopía
la vida sería un ensayo para la muerte.
¡Ay! Utopía, cómo te quiero
porque les alborotas el gallinero.
¡Ay! ¡Ay, Utopía,
que alumbras los candiles del nuevo día!

Declaración de amor. (Versión 1.2 beta)

 

Llega el momento de arrojar los convencionalismos por la borda
y decirte públicamente,
impúdicamente,
que te deseo, que tengo sed de tí,
que por acariciar la piel de tu vientre con mi mano derecha daría mi mano derecha,
que por morder esos labios hasta sangrarlos, desangraría los míos,
que por rendirme incondicionalmente ante lo que quisieras hacer de mí
sería capaz de ponerme una soga al cuello y pedirte de rodillas que tiraras de ella.
Pero antes de convertirme en tu esclava
te tomaría por todos los sitios
hasta que tus orgasmos encadenados
formaran una melodía deslumbrante
que iluminara todas las negruras de todas las noches.
Pero antes, mucho antes, pondría en permanente erección
hasta el último cabello de tu cuerpo
porque lo erizaría con caricias electricas,
interminablemente ardientes,
vaporosamente sensuales.
Pero antes, mucho antes,
te diría al oido tantas veces y de tantas formas distintas
que no soy nada sin tí,
que nunca encontraré a nadie como tú,
que tú eres la reina de mi cuerpo loco por tí,
que si por un momento pensara que me ibas a dejar
te cantaría bajito aquello de Jacques Brel:
Laisse-moi devenir l'ombre de ton ombre,
l'ombre de ta main,
l'ombre de ton chien.

Déjame ser la sombra de tu sombra,
la sombra de tu mano,
la sombra de tu perro,
pero no me abandones, ne me quitte pas,
fuego de mi hielo, fiebre de mi escalofrío.
No lo hagas hasta que no hayas apurado
la última gota de este amor mío y tuyo que rebosa ternura,
hasta que no dejes miles de recuerdos de tus uñas
en las partes más sensibles de mi senos,
hasta que no hayas agotado mi capacidad de amarte sin medida.
No lo hagas hasta que no quede de mí
ni siquiera el rastro de una huella solitaria,
ni siquiera un pobre sendero sin destino,
hasta que solo sea un triste trasto de inutil basura.
Amo tus palabras de mujer, amo tus silencios de niña,
y mi cuerpo tiene hambre de tu cuerpo
y lo saboreo sin verlo, tocarlo, olerlo, oirlo o gustarlo,
amo tu amor y estoy dispuesta a amar incluso tu desprecio,
porque entiendo que puede ser una forma extraña de amor,
pero me diluiría en una lágrima interminable,
si viera en tí el reflejo de la indiferencia.
No puedo vivir sin que estés ahí,
toda tú,
como premio o como castigo,
como cielo o como infierno,
pero tú,
no mía,  nunca mía,
pero siempre viva, apasionada, deseable, hambrienta,
insaciable e insaciada,
perfecta,
única.