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 Chicos, no se os puede dejar solos. A la que nos descuidamos, metéis la pata. (Y no es eso lo que tenéis que meter) Por culpa de vuestra exquisita diplomacia, aprendida en la acreditada escuela del General Patton, tengo a mi niña desengañada de ese mundo macho que fabricáis exclusivamente para vosotros; vosotros, tan preocupados de vuestro ego, vuestras cosas, vuestro tiempo, vuestros estudios, vuestra nada. Y ella, mi chica guapa, que era una bi simpaticona, y conmigo hacía un tri, ahora quiere seguir siendo tri, pero sin que haya algo que huela a masculino. ¡Ea!Aquí me tenéis ahora buscando una novia bi, para mi novia bi que quiere más novia, para montar de esta forma un tri solo para nosotras. A ver si así se le quita a mi niña el mal rollo del noviete empollón. (Cómo se nota, chaval, que nadie ha sabido darte este consejo: “Si los libros te distraen de tu novia, abandona los libros y distrae a tu novia”.) ¿Alguna candidata para ser la tercera de nuestro incipiente y cien por cien femenino, menage a trois? Apúntate abajo. El examen será durísimo.
 Vengo de las Baleares, y en el autocar que me saca del avión y me lleva al aeropuerto, me doy de bruces con Clara, después de cinco años de no verla. Clara fue unos de los grandes amores de mi vida, tal vez el más insensato, sin duda, el más inútil. Pero también, el más generoso. Perdí la cuenta de las veces que me entregué de lleno a ella, y le ofrecí, sin pedir nada a cambio, mi cuerpo y mi mente, mi sonrisa y mi pena. Ella lo aceptaba todo como lo más natural del mundo, sin apenas darle importancia. Y un día, con la misma pasividad con que estuvo a mi lado, dejó de estarlo, sin avisar siquiera, dejándome sumida en el umbral de la depresión.Pues bien, la besé cariñosamente, y entre sonrisas inicié una breve conversación cargada de tópicos, donde no hubo por mi parte ningún intento de reanudar con ella una nueva relación, ni siquiera provoqué un intercambio de nuevos teléfonos. Luego en el taxi, camino de casa, busqué en lo más sincero de mi corazón, algún rescoldo de mi antiguo cariño, pero fue en vano. La sensación de comprobar, una vez más, de que todo muere, incluso el amor más desaforado, curiosamente, me hizo reír.
He dormido mucho más gorda. Mi autoestima ha subido cinco kilos.  César es mi amigo gay. Un tesoro. Por ser César y por ser gay. Para nosotras, las lesbianas, un amigo así, no sólo es una excelente coartada para quedar bien en según qué sitios, y despistar al personal en según qué ambientes, es también el camuflaje perfecto, el cómplice de más de un plan de ataque, el confidente para todo momento y propósito, un amigo con quien poder compartirlo todo, sin que ninguno de los dos nos apropiemos de nada personal e intransferible. Respetamos nuestros terrenos de caza, nos comunicamos, nos queremos, y como tanto él como yo albergamos una pizca de morbosa bisexualidad, de vez en cuando, hasta nos permitimos algún que otro achuchón, algún beso apasionadamente loco, alguna caricia cercana al precipicio de la lujuria...y hasta aquí hemos llegado, porque ir a más, sería romper el exquisito jarrón de porcelana china, que forma nuestra unión casi perfecta.César tenía un novio con empanada. Ni salía ni se quedaba en el armario, estaba instalado en el umbral, por culpa de una pijirubia tontita de sonrisa lacia, que solo quería casarse, casarse y casarse. Para más inri, César fué testigo de esa boda sin sentido. Y yo me convertí en su pareja de hecho, para no dejarle solo ante el peligro y para que no se derrumbara en mitad de la ceremonia, al ver cómo el amor de su vida se estaba malcasando con una tipa que de su marido sabía lo que yo de las oropéndolas del Orinoco (en el caso de que existan) Luego en el banquete, dejamos que la procesión fuera por dentro, y montamos la mundial. Nos pegamos el lote descaradamente, nos metimos mano sin pausa ni respiro, ante el escándalo de unos, y la envidia de otros, mientras el novio no sabía qué hacer con la novia y lanzaba a César miradas de celos asesinos. Nos largamos a las tantas, y después de una llantina, dos cajas de kleenex y una botella de Absolut, lo metí en mi cama, lo arropé como una mami, y al día siguiente César comprobó con satisfacción que se había quitado un inmenso peso de encima y que de ese novio erróneo sólo le quedaba una colosal resaca.
Ja! Los amigos están para eso. "En otros tiempos era necesario sostener discusiones bizantinas, cuando yo sentía deseos simples y vulgares, como decirle que la quería, besarla y tenerla en mis brazos. Hoy no tengo ningún deseo, salvo el de callarme y mirarla, comprender en silencio toda la importancia de este acontecimiento extraordinario: la presencia de ella a mi lado". Jean-Paul Sartre Te quiero, Jean Paul. Por escribir esta frase. Y por ayudarme a comprender que lo bello es siempre irreal, y que tú, como yo, aunque somos reales nunca estuvimos seguros de querer serlo.Llega el verano y vuelvo a descubrir sus alegrías y sus miserias. Lo más atractivo es que salen a la luz los escotes imposibles y la melódica sonata de los senos sedientos de sol.  Lo más deprimente es contemplar el desgraciado espectáculo de unos tipos con pantalones cortos, o lo que es más horripilante aún, con esos pantalones de bucanero que dan ganas de colgarlos del palo mayor. Cuando veo a un hortera con pantalones de pirata, creyéndose atractivo y perdonándonos la vida, en el fondo me alegro. No saben esos tíos el lesbianismo que promueven.
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